El Alma de La Madera

alma de la madera

En un pasaje de su breve novela Al Norte la Montaña, que narra la visita de un individuo a un monasterio budista, el escritor László Krasznahorkai se detiene para exponer minuciosamente al lector unos detalles sobre la madera con la que se construyó el edificio. Su trascendencia se iniciaba en el mismo momento de la elección de la madera de ciprés hinoki como material constructivo. Y se prolongaba en la elección de un enclave adecuado según unos preceptos religiosos donde plantar las semillas de los árboles, para permitir su lento crecimiento durante décadas bajo la observación de un maestro carpintero. Él decidiría cuál sería el momento preciso para la tala y, antes de proceder a ella, formularía un juramento sagrado: la tala no significaría derrochar la vida del árbol, sino darle la vida de la belleza.

Resulta difícil abandonar la lectura de ese pasaje sin haberse apropiado de una pequeña porción de la sensibilidad de la mirada veneradora y conmovida de ese maestro sobre el árbol y la madera. Con él redescubrimos uno de esos aspectos que están comenzando a dejar de formar parte de nuestras nociones de la vida cotidiana a causa de la preeminencia de los materiales industriales y los elementos mobiliarios de duración efímera: el de las cualidades de las materias naturales, su identidad definida por su color, olor, textura… que recuerdan su origen esencial como ser vivo que ha nacido moldeado por las condiciones climáticas y del suelo en el que ha crecido arraigado.

A la manera en que los cromatismos del suelo y el cielo, los aromas del aire, la temperatura, la luz, construyen el paisaje, nutren asimismo la formación de la madera: ese prodigio que se oculta tras la corteza de cada árbol.

En tiempos de obsesión por la inmediatez, la presencia de la madera en nuestro entorno puede aportarnos esa especie de pequeña lección filosófica que nos vincule de nuevo con la naturaleza y nos resitúe en el orden de las cosas. Metafóricamente, la madera es un material que puede incitarnos a comprender y reflexionar de nuevo sobre la necesidad de la lentitud para la consecución final de una belleza de absoluta pureza. También nos lleva a entender cómo todos y cada uno de los rasgos que conforman la fortaleza de un ser surgen de la integración armónica de todo aquello que le rodea.

La madera viste y relaja. Como dotada de un lenguaje propio, sabe encontrar su función y su situación más idónea en cada lugar de la casa. Además, ennoblece la vivienda y ha dejado de ser vista como algo elitista.

La solidez, la resistencia y la inmanencia en un mundo acelerado, los excepcionales valores estéticos y de calidad de las maderas nobles las transforman en uno de los materiales cruciales a la hora de reflexionar sobre cuestiones de sostenibilidad dentro del mundo contemporáneo. Con las maderas podemos dotar a los elementos que componen nuestra escena cotidiana de una durabilidad lo más prolongada posible.

La conciencia sobre la sostenibilidad adquiere una importancia crucial en las últimas tendencias en el diseño de mobiliario y de piezas ornamentales o de funcionalidad diversa en las que la base es el uso de diferentes maderas del mundo. Esa conciencia se integra en una voluntad de simplificación de líneas, haciendo que la función principal del diseño sea enfatizar la belleza intrínseca de cada tipo de madera trabajando, por otro lado, desde un compromiso ético de respeto medioambiental que no suponga peligro de deforestación para ninguna especie en ninguna zona del mundo.

Como dotada de un lenguaje propio, cada madera sabe hallar su función y situación más idónea dentro del ámbito doméstico. La procedencia de cada tipo de madera noble continúa constituyendo un detalle muy importante, pero posiblemente ya no es una cierta aura de exotismo elitista lo que se desea que estas piezas expresen. Su reinterpretación desde una clave fundamentalmente contemporánea refleja sin duda nuestro estado mental de ubicación dentro de un mundo global, la conformación de nuevos esquemas de percepción sensorial para formas táctiles y cromáticas que antaño nos fueron ajenas y la redescubierta importancia de la belleza producida por la fuerza vital de la naturaleza. La tendencia comienza a acercarlas a elementos tecnológicos de última generación como reproductores de mp3, lápices de memoria o teléfonos móviles.